Cuando me quedé embarazada tuve
miedos. Es algo generalizado. Todas las madres y futuras madres que conozco han
pasado por lo mismo. Lo típico: dolerá, cómo cambiarán las cosas, lo haré bien…
Así como avanzó el embarazo fui
dejando atrás los miedos. Todos menos uno. El de si lo haría bien, si sería
buena madre. Ese es un miedo que aterroriza a todas las madres primerizas, por
lo menos a las que conozco. Y la que diga que no, miente.
De repente un día después de unas
cuantas contracciones y unas cuantas horas largas de cojones, tienes a tu bebé
en brazos. Y eso ya es responsabilidad tuya para siempre. No sabes qué tienes o
no tienes que hacer. Nadie te lo dice, y los que te dicen algo te dan consejos
tan contradictorios que no sabes por dónde cogerlos. O en lugar de consejos
parece que te den órdenes.
Y la madre es un mar de dudas:
pecho o biberón? Le dejo dormir o lo despierto? Le pongo body o no? y si llora
porque está malico y no me entero? Cómo sabré qué quiere el bebé, si sólo sabe
llorar? Hago colecho o no? lo cojo en brazos para consolarlo cuando llore o lo
malcriaré?
Con sentido común, todo esto
termina respondiéndose solo. Pecho o biberón da lo mismo, siempre que le
alimentes correctamente. Tú (y tu marido) decides: ni tu vecina, ni tu hermano,
ni tus padres, ni tu suegra, ni tu pediatra, ni tu matrona, ni la madre que los
parió a todos: Tu. Si quieres darle el pecho, le darás pecho (siempre y cuando
tengas la ayuda adecuada cerca). Si no quieres darle el pecho, al niño no le
pasará nada. Nuestra generación ha sido generación de leche de fórmula, y así a
grandes rasgos no hemos salido tan mal. No vas a ser ni mejor ni peor madre ni
persona por no querer o no poder darle el pecho.
Si tienes la suerte de que tu
hijo, desde muy bebé duerme muchas horas
seguidas de noche y está sano, déjalo dormir!! Aprovecha!! Ya vendrán días
peores. Y si no vienen, pues mejor! Otra cosa es que esté dormido porque no
tiene fuerzas porque está bajo de peso, o malito, o lo que sea. Pero una vez
más, el sentido común suele funcionar bien.
Y sorprendentemente, terminas
comprendiendo el llanto de tu bebé. Terminas sabiendo si ese llanto es de
hambre, o de sueño o de que quiere que le des mimos. Sabes cuándo llora porque
le duele algo, porque llora con una rabia diferente. Por supuesto que no te
pasará al primer día de tenerlo: irá poco a poco. Pero no vas a tardar dos
años. En cuestión de días terminas entendiéndolo.
Cogerlo o no cogerlo en brazos.
Dormir o no dormir con él… todo esto hay madres que deciden hacerlo o no
hacerlo en base a “lo voy a malcriar”. Malcriar es algo malo. Mimar a alguien,
consolarle cuando lo necesita… no es malcriar. Es hacer lo normal. Si tú estás
triste quieres que te den cariño. Por qué le vas a negar a tu hijo ese cariño
que a ti tanto te gusta? Créeme, después, cuando crezca, te penará no haberlo
achuchado más, haberle dado más miles de besos y haberle hecho miles de
pedorretas en la tripa. ¿Qué decides no hacerlo, y dejarlo llorar a su aire?
Pues oye, es tu hijo. Nadie puede decir que seas mejor o peor madre por eso…
Dormir o no dormir con él es tema
de comodidad de la madre en caso de lactancia. Yo dormí con Javi mientras se
despertaba por la noche porque me resultaba más cómodo y sencillo. Y Javi
dormía más tranquilo y más horas seguidas, por tanto todos descansábamos más,
porque cuando se despertaba me veía cerca y ya no lloraba porque se sintiera
solo. Y porque si tenía hambre tenía una teta muy aparente delante de su boca:
autoservicio. ¿Qué te parece fatal compartir cama con el bebé? Pues no lo
hagas!
Y así podría seguir con cada
duda, miedo, pregunta o lo que sea que me haya pasado por la cabeza. Al final,
se resume en ¿Seré buena madre? Y la respuesta es fácil, y casi siempre la
misma: Buena madre es la que da cariño y amor a su hijo, sea como sea. La que
se preocupa por él. Lo hacemos lo mejor que podemos, nadie nos ha enseñado y no
sabemos hacerlo de otra forma. Mala madre es la que mata a su hijo, la que lo
descuida conscientemente, la que le hace daño a posta. Y de esas, gracias a
dios, hay pocas.
Déjate guiar por tu instinto.
Aplica sentido común. Y sobre todo, no olvides que aparte de madre también eres
mujer: quiérete, mímate, dedícate tiempo a estar con tu pareja. Si tú no estás
bien, no podrás trasmitirle nada bueno a tu hijo. Por irte a la peluquería, al
masajista, a hacerte la manicura, a tomar un café con tus amigas o a cenar sola
con tu marido, no vas a ser ni mejor ni peor madre.
“La única manera en la que una madre puede dañar a sus hijos es con su
falta de amor. Ya puede darle todos los cuidados, nutrirle y vestirle,
proporcionarle educación; si el pequeño no recibe amor, amor bueno y generoso
de madre, crecerá emocionalmente disminuido y con un concepto del amor
enfermizo que no le permitirá ser feliz. […] Lo que es mejor es relacionarse
con el niño sin normas ni tensiones. Si quiere darle el pecho, hágalo. Si
quiere darle biberón, hágalo.”
“Legado en los huesos” de Dolores Redondo